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El gol iluminado

¿Casualidad o señal divina?

Elías Ricardo Figueroa Brander, conocido futbolísticamente como Elías Figueroa, es considerado como el mejor jugador chileno de todos los tiempos. Nacido en Valparaíso (Chile), en 1946, fue nombrado mejor jugador de América en el 1974, 1975 y 1976 pese a ocupar la posición de defensa y compartir época con grandísimos jugadores como Pelé, Rivelino, Kempes, Cubillas y un largo etc.

Entre otros logros consiguió clasificar a Chile para los mundiales de Alemania 74 y España 82. Tras un periplo inicial por el fútbol chileno en Santiago Wanderes, firma por el Peñarol uruguayo. Triunfa notoriamente en su etapa en el fútbol charrúa y ello le permite dar un paso mas en su carrera. En el verano del 71 ficha por el Internacional de Porto Alegre y permanecerá allí hasta el año 76, dándose en el equipo brasileño y con él como protagonista una de las historias mas curiosas y formidables del fútbol.

El 14 de diciembre de 1975 en el estadio Gigante da Beira-río, el Internacional buscaba ser campeón por primera vez en la historia del club, el rival, Cruzeiro de Belo Horizonte. Era una tarde gris y nublada del invierno brasileño, el partido se atragantaba al equipo encarnado de Porto Alegre. Mediado el segundo tiempo, el árbitro concede una falta a la derecha del área del Cruzeiro y el jugador del Inter, Valdomiro, se dipone a ejecutarla. La pelota describe una parábola perfecta situando el balón en el centro del área y es por allí por donde irrumpe el físico extraordinario del central chileno Figueroa, al tiempo que un inesperado e intrigante rayo de sol aparece en aquella tarde gris y nublada para hacerse uno con la figura del jugador chileno que de poderoso testarazo incrusta en balón en la portería. Era el 1-0 y a la postre el gol que le daría la victoria del primer campeonato brasileño a los de Porto Alegre.

Si bien para muchos el famoso “gol iluminado” fue pura coincidencia (como si hacer coincidir un gol histórico con un rayo de luz en una tarde nublada de invierno ocurriera todos los días), para otros fue una manifestación divina que solo ocurre a unos pocos elegidos. Fuera de una manera u otra, esta de Elías Figueroa es otra anécdota mas en este mágico mundo del fútbol.

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